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miércoles, 23 de noviembre de 2011

Tercera entrega. Balada de la Cárcel de Reading


Llevábamos unos días sin compartir nada del maestro Óscar Wilde. Subimos hoy la tercera entrega de su poemario Balada de la Cárcel de Reading.









domingo, 13 de noviembre de 2011

Segunda entrega. Balada de la Cárcel de Reading

Volvemos a Óscar Wilde y la Balada de la Cárcel de Reading. Compartimos la segunda tanda de versos del poeta que se pasó un doloroso tiempo de su vida en esta cárcel. Con ella, concluimos la primera estrofa del poemario.







viernes, 11 de noviembre de 2011

Primera entrega. Balada de la Cárcel de Reading

Nos complace presentar el siguiente libro en el que estamos trabajando en Impresiones. Como ya anunciamos en otro post, comenzamos a publicar La balada de la Cárcel de Reading, de Óscar Wilde, en edición bilingüe e ilustrada por Fernando Pérez.


Lo compartimos de la misma forma que hemos sacado a la luz el relato LED 841.





















miércoles, 26 de octubre de 2011

Adelanto. Balada de la cárcel de Reading

Hace algunos días, anunciamos en Impresiones que estábamos preparando una edición ilustrada de la Balada de la Cárcel de Reading de Óscar Wilde.

Queremos subir ya (nos puede la impaciencia) el poema con el que abrimos la obra. Podríamos decir que es un poema prólogo. Hemos recurrido al maestro César Vallejo para que nos ayude en la tarea de comenzar la obra. Simplemente, nos ha parecido adecuado.

La ilustración, como todo el poemario en el que estamos trabajando, es de Fernando Pérez, amigo nuestro desde hace años, del que hay que decir que es un magnífico ilustrador y una extraordinario diseñador gráfico. Que el mundo no se lo pierde de vista, que llegaré bastante lejos. Queda dicho ya desde aquí.

Os dejamos con el poema y la ilustración que lo acompaña.



Bajo los álamos

Cual hiératicos bardos prisioneros,
los álamos de sangre se han dormido.
Rumian arias de yerba al sol caído.
las greyes de Belén en los oteros.

El anciano pastor, a los postreros
martirio de la luz, estremecido,
en sus pascuales ojos ha cogido
una casta manada de luceros.

Labrado en orfandad bajo el instante
con rumores de entierro, el campo orante
y se otoñan de sombra las esquilas.

Supervive el azul urdido en hierro,
y en él, amortajadas las pupilas,
traza su aullido pastoral un perro.

Extraído del libro de César Vallejo Los heraldos negros.

sábado, 22 de octubre de 2011

Adelanto de Balada de la Cárcel de Reading

Hace mil años hicimos una edición bilingüe de la Balada de la cárcel de Reading de Óscar Wilde. En Impresiones, estamos trabajando en aquella edición ilustrada para adaptarla a los nuevos soportes. Os dejamos un pequeño fragmento, primero en versión original, después en una traducción de Miguel Muñárriz.


He did not wear his scarlet coat,
for blood and wine are red,
and blood and wine were on his hands,
when they found him with the dead,
the poor dead woman whom he loved,
and murdered in her bed.


He walked amongst the Trial men?
In a suit of shabby grey;
a cricked cap was on his head,
and his step seemed light and gay;
but I never saw a man who looked
so wistfully at the day.


I never saw a man who looked
with such a wistful eye
upon that little tent of blue
witch prisoners call the sky,
and at every drifting cloud that went
with sails of silver by.


I walked, with other souls in pain,
within another ring,
and was wondering if the man had done
a great or little thing,
when a voice behind me whispered low,

"That fellow´s got to swing".
 

Dear Christ! the very prison walls
suddenly seemed to reel,
and the sky above my head became
like a casque os scorching steel;
and, though I was a soul in pain,
my pain I could not feel.

***

Ya no vestía su casaca escarlata,
porque rojos son la sangre y el vino
y sangre y vino había en sus manos
cuando lo sorprendieron con la muerta,
la pobre muerta a la que había amado
y a la que asesinó en su lecho.


Entre los reos caminaba
con un mísero uniforme gris
y una gorrilla en la cabeza;
parecía andar ligero y alegre,
pero nunca vi a un hombre que mirara
con tanta avidez la luz del día.


Nunca vi a un hombre que mirara
con ojos tan ávidos
ese pequeño toldo azul
al que los presos llaman cielo
y cada nube que pasaba
con sus velas de plata.


Yo, con otras almas en pena
caminaba en otro corro
y me preguntaba si aquel hombre había hecho
algo grande o algo pequeño,
cuando una voz susurró a mis espaldas:
"¡A este tipo lo van a colgar!"


¡Santo Cristo! Hasta los muros de la cárcel
de pronto parecieron vacilar
y el cielo sobre mi cabeza se convirtió
en un casco de acero ardiente;
y, aunque yo también era una alma en pena,
mi pena no podía sentirla.