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miércoles, 3 de octubre de 2012

Ni tan siquiera tus palabras

Volvemos a caer en la tentación (benditas sean las tentaciones) y sacamos palabras a tan hermosa ilustración de la ilustradora mexicana Erika Kuhn.

Al final terminaremos reuniendo un número suficiente de poemas que se parezcan y todo a un libro. ¿Tendremos el valor de dar el siguiente paso? Veremos...


Te devuelvo por correo urgente 
tus malditas palabras. ¡Tómalas!
No preciso acuse de recibo.

Quédate tus maltrechas sílabas casadas
que conforman metáforas viudas
que taladran corazones solteros.

Se oxidaron ya los poemas
y los endecasílabos desafinados
que cincelaste en mi piel.

Volveré, sin ti, a estar desnuda estando vestida.
Lo sé. No me importa. Ya no queda nada dentro de mí.
Ni tan siquiera tus palabras.


viernes, 17 de febrero de 2012

De un tiempo a esta parte. Número 1

Han sido un par de meses bastante intensos, con numerosos post. Nos apetecía recoger todo ese esfuerzo en el nuevo número de la revista que compartimos con vosotros: De un tiempo a este parte. Número 1. 



Esta vez llevamos en portada un autorretrato del maestro José Hierro, un poeta imprescindible de la segunda mitad del siglo XX. Además de aparecer en portada, le reservamos la última página a un poema suyo, Para un esteta.


Como novedad, hay que señalar que hemos compuesto dos canciones, un rap para que la gente de La excepción se atreva a rapearla. La hemos llamado Mientras perdía el broche de la cordura. La segunda canción está compuesta al más puro estilo canalla de otro grande de la música y de la poesía contemporánea, en palabras de Fito Páez, monsiuer Madrid, el señor Joaquín Sabina. Se titula La más guapa de todas las feas.

Que os guste el trabajo que os proponemos. Disfrutad de las ilustraciones, leed los poemas con calma y reposo. 


Se admiten y se agradecen enormemente, como siempre, comentarios, críticas, sugerencias, mejoras...


martes, 14 de febrero de 2012

(Entre paréntesis)

Tercer poema extraído de una magnífica ilustración de la mexicana Erika Kuhn. Comienza a convertirse en una agradable costumbre el hecho de buscar y poner palabras a los trazos que vienen del otro lado del océano. De nuevo, nuestra gratitud por compartir su talento con nosotros. 



Aviso a navegantes. Este post va a ser ligeramente distinto a los otros publicados. Añadimos un pequeño relato que acompaña a la ilustración de Erika. Nos ha parecido tan hermoso que hemos pensado compartirlo también con vosotros. Lo firma Susan Urich. El texto es el siguiente:

DIARIO DE LA SRITA. K.
Los une un pacto, un cordón umbilical en el que ella registra, con precisión de relojero, las cosas que sueña. Porque los sueños de la Srita. K. son cosas, tiene aroma, textura, densidad material. ( ) decía que eran objetos porque alteraba su estructura molecular, torcía el tiempo, ahuecaba el espacio en ellos, los manipulaba a su antojo. Podía atravesarlos con el dedo, retomarlos como si fueran libros, detenerlos y abstraerse en el paisaje inmóvil, estudiar los relieves, los gestos, incluso la palidez con que la sangre, también inmóvil, intentaba reanudar el pulso. Los sueños eran objetos psíquicos que la Srita. K delineaba con una fuerza creadora inusual, de claridad que se mece en la sombra como potro borracho, de mente rota, años luz devuelta hacia la luz.
Le obsequió el diario de tapas amarillas antes de mudarse. Lo depositó en sus manos, le miró una vez más sin detenerse en el cuello, y sin volver el rostro, adentró un pie y luego el otro pie hasta que la obscuridad del vagón se lo tragó por completo. Fue una despedida silenciosa, apática. Debió quedarse allí, como un insecto, atravesada por un alfiler, pero no lo hizo. Apenas vio que la silueta de ( ) se perdía como una alucinación, empezó a andar directo al estacionamiento. Solo cuando alcanzó el auto y se supo encerrada en él, pudo llorar. Y lo hizo como si hubiera acumulado el salitre de un siglo entero, ese llanto que es, realmente, el rostro visible de una fractura espiritual. ( ) no lloró ( ) nunca lloraba. Esa noche no escribió, no comió, tuvo sed pero no bebió. Apagó las luces, juntó las piernas al pecho y así, hecha un caracol triste, se hundió en la cama. Soñó con ( ).

*****

Desconocemos qué vino primero, si el texto o la ilustración, quién inspiró a quién, quién bebió de las aguas que el otro le ofrecía. Ante la duda, el poema se lo dedicamos a ambas autoras, a su enorme talento, a sus palabras, y a sus líneas. 

Hoy lo que nos inspira es leer letras que sacan a bailar los colores sobre un fondo de cuaderno amarillo. El título nos lo han sugerido esos enigmáticos paréntesis... Que os guste.



Entre paréntesis

...te contaré mi sueño imperfecto.

Me alejo de un andén sin nombre,
huyo de esa infinita y gruesa sal 
con la que tu sombra difusa
me despide en la estación.
Caigo de bruces entonces
en que mi vida cabe dentro
de unos paréntesis huérfanos,
paréntesis que me podrían definir
como excepción a la norma, (ojalá)
como matiz sin matices, (es posible)
como comentario sin importancia, (casi seguro).
Firmo hasta aquí la tristeza contenida.
Llevo como mochila
un corazón contaminado
por sus tremendas ganas de latir.

...te narraré mi sueño en transición.

Transporto mi cuerpo
hacia el coche aparcado
fuera de plano de cámara,
como un personaje secundario
que no tiene texto
y que no hace falta representarlo
de ninguna forma.
¿Cómo suena un sonido,
acaso un grito desgarrador
en una película muda?
Cuando hago mutis por el foro,
un grito escondido se escapa desapercibido.
Nadie me ve. Soy una acotación en la escena.
Mi cara no suena a nada,
aunque se estremece.

...te detallaré mi sueño legítimo.

Entro en una casa destrozada
con olor a melancolía de poema trasnochado.
Decido abrir las ventanas de todos los pisos
y comienzo a vender mi pasado
en un pequeño rastrillo
justo delante de la puerta principal.
Cambio todo mi tiempo de segunda mano
y los recuerdos que ya caducaron
por días con mañanas diferentes,
por segundos con sabor a nuevo.
Parto sin equipaje,
tan solo cargo con mi corazón.
Me fugo al final de los tres puntos suspensivos
para descubrir el final de mi propia historia,
que comienzo hoy.









lunes, 23 de enero de 2012

Recordarte que me recuerdes

Una de la labores ingratas de todo bloguero (al menos así nos parece cuando revisamos todo el trabajo producido) es etiquetar correctamente sus post, para que luego la información esté ordenada de una determinada manera y el visitante acceda a ella.  Es colocar ciertas palabras clave que hacen que los motores de búsqueda encuentren la información solicitada.

Uno de los cambios que hemos hecho en estos días en el blog ha sido revisar todo nuestro material compartido y añadir la etiqueta del ilustrador a cada una de las entradas que tan generosamente ha dejado su talento entre nuestras palabras. Aparecen en la barra lateral de la izquierda, ordenados alfabéticamente.

De ese tedioso trabajo, hemos sacado algo positivo. Hemos recuperado a una ilustradora que nos encantó en su día y obviamente nos sigue gustando mucho su trabajo. Son muy sugerentes sus ilustraciones, muy poéticas. Éste es el tercer post donde la mencionamos. Ella se llama Erika Kuhn. Confiemos en que se sienta a gusto en Impresiones, junto a nuestros poemas. Y que no le violente demasiado nuestra admiración hacia su talento y trabajo, sobre todo si lo manifestamos públicamente.

La ilustración se llama Recuérdame. En el margen superior izquierdo, se pueden leer tres líneas escritas a mano, suponemos que por la propia Erika. Pone:
"Por favor, recuérdame una vez más."
Hacemos caso a la autora y la recordamos con un poema. Crucemos los dedos. A ver cómo nos va, que la tarde está siendo espesa y prolíficamente poco creativa... 

(Nota posterior. Esa tarde fue fallida. Hay que reconocer que este oficio de escribir no es fácil y que las palabras, a veces, no quieren trabajar demasiado. A pesar de ello, hay que intentarlo. El poema se ha escrito en tres partes como intentos ha  necesitado el autor para sacar hacia adelante el texto.)


El poema pretende reflexionar sobre las cosas que nos atan, como puede ser el amor, el matrimonio, los errores, el pasado, las circunstancias, los compromisos... cosas que, en definitiva, nos impiden avanzar. A veces nos atamos pequeños lazos para recordar algo o para que nos recuerden. En ocasiones, esos lazos se convierten en cadenas que nos impiden continuar con el viaje. Nuestra protagonista solo se podía llamar Penélope.




Me apellido Penélope,
el nombre verdadero que tuve
mi memoria apenas distingue
qué apariencia tiene en el presente.
En otra juventud
fui de naturaleza viajera,
atravesaba mundos y existencias, 
recorría raíles y amantes,
era la protagonista de mi vida.
A día de hoy, soy mi propia antagonista
cuando observo la aparente calma
mientras la tormenta se forja por dentro,
me amarro inexplicablemente
a un tú que fuiste que se disuelve
y que ahora no está nunca donde yo estoy,
un puerto donde encallé hace décadas
un lugar donde me desgasto.
Me soy infiel porque sigo aquí,
sin saber muy bien si sigues siendo
el motivo de mi espera.

Como cada mañana,
mi dedo está dediatado concienzudamente.
Observo con cierta desidia
qué todo está en su sitio.
Compruebo el procedimiento,
sigo el manual de instrucciones.
Levanto el dedo despacio,
pruebo sus fallos,
reviso si la tensión es correcta,
si el recuerdo que ata
no se desata en el olvido.
Verifico su sistema de seguridad,
la posición exacta,
si el color es adecuado
o si la sangre de mi dedo
puede circular como acostumbra.
Certifico que pasan
los estrictos protocolos férreos
que en su día 
firmó mi mano notaria.

Me estrello sin remedio
en la certeza más cierta
de que has emprendido
un camino diferente al mío.
Caigo de golpe en la cuenta
y sin que medie cura paliativa alguna
que de ti tan solo permanece
este pequeño cordel borgoña de mi dedo.
De lo que fuimos
me queda lo que nos une,
y lo que nos une
es este frágil recuerdo
con forma y color de hilo de sangre.
A mi dedo corazón
le até un lazo rojo
para recordarte
que me recuerdes.
Pero no funciona.
Defecto en su fabricación
o deterioro por mal uso.

Me apellido Penélope por última vez.
Ha llegado la hora de avanzar
hacia otras islas que no me aten.
Es hora de recordar cómo me llamo.

viernes, 20 de enero de 2012

De un tiempo a esta parte. Número 0

Compartimos una selección de los poemas e ilustraciones que se han ido desgranando a lo largo de 2011. Hemos creado una revista llamada De un tiempo a esta parte, donde aparecen buena parte de los poemas compartidos.



El blog en sí mismo es un formato efímero, que aunque deje pistas y enlaces, olvidamos pronto su contenido para dejar pasar al nuevo post.

De un tiempo a esta parte pretende dejar una marca más visible, más duradera.

Que os guste.


jueves, 22 de diciembre de 2011

Palabras que se caen en el té

Editando el capítulo 5 de Rayuela, nos hemos topado con una ilustradora-poeta, una artista visual impresionante, de una fuerza sobrecogedora. No nos hemos podido resistir y le hemos dedicado un post. Ella se llama Erika Kuhn. Muy recomendable visitar su blog, muy interesantes sus poemas y sus reflexiones. 

Traemos aquí unas cuentas perlas que hemos seleccionado para la gente de Impresiones pueda degustarla. A la última ilustración, como siempre, le hemos puesto un poema de fábrica. Tengo la sensación de que volveremos a hablar con y de Erika en breve. Que la disfruten.

























Esta última ilustración, donde caen palabras a una taza de café o de té, nos ha inspirado un poema que lo transcribimos a continuación.




Lo que me provoca
discutir con la almohada
cada vez que amanece por la noche
se concentra
en este tropel de caracteres
que desembocan agolpadas
en la taza de té
que abraza mis manos.

Este torbellino de tinta
es posible que lleve impreso
en el corazón negro
de sus líneas,
las claves precisas
que permiten percatarse
del garabato prescindible
con el que me vida se define.

Ese lento remolino silente
es probable que describa por qué se desbrozan
los férreos lazos de los que están hechas las familias,
por qué una simple y tonta tontería,
que se suma a un malentendido,
que se añade a cualquier infantil torpeza,
y que se anexa a una serie de gestos imperfectos,
sean el abismo insalvable que ahora nos distancia.

Aquel laberinto de números y letras
que alguien trazó por mí, ayer o mañana,
es factible que conozca
por qué me enamoro
de las bocas equivocadas,
o por qué la música
que más silbo últimamente
es el estruendoso bramido que ruge el silencio.

Lo que derrota
a mis derrotas de días nocturnos
cae, flota y se diluye
en la taza de té
que me acompaña en este viaje,
mientras camino por el final de otro poema sin respuestas,
mientras me interrogo sin éxito
qué hacer con esas palabras abandonadas en el margen no escrito.

Rayuela. Capítulo 5

Capítulo 5



  
La primera vez había sido un hotel de la rue Valette, andaban por ahí vagando y parándose en los portales, la llovizna después del almuerzo es siempre amarga y había que hacer algo contra ese polvo helado, contra esos impermeables que olían a goma, de golpe la Maga se apretó contra Oliveira y se miraron como tontos, HOTEL, la vieja detrás del roñoso escritorio los saludó comprensivamente y qué otra cosa se podía hacer con ese sucio tiempo. Arrastraba una pierna, era angustioso verla subir parándose en cada escalón para remontar la pierna enferma mucho más gruesa que la otra, repetir la maniobra hasta el cuarto piso. Olía a blando, a sopa, en la alfombra del pasillo alguien había tirado un líquido azul que dibujaba como un par de alas. La pieza tenía dos ventanas con cortinas rojas, zurcidas y llenas de retazos; una luz húmeda se filtraba como un ángel hasta la cama de acolchado amarillo.


Coin de la Rue Valette et Pantheon 1925. Imagen vista en la web all-art

La Maga había pretendido inocentemente hacer literatura, quedarse al lado de la ventana fingiendo mirar la calle mientras Oliveira verificaba la falleba de la puerta. Debía tener un esquema prefabricado de esas cosas, o quizá le sucedían siempre de la misma manera, primero se dejaba la cartera en la mesa, se buscaban los cigarrillos, se miraba la calle, se fumaba aspirando a fondo el humo, se hacía un comentario sobre el empapelado, se esperaba, evidentemente se esperaba, se cumplían todos los gestos necesarios para darle al hombre su mejor papel, dejarle todo el tiempo necesario la iniciativa. En algún momento se habían puesto a reír, era demasiado tonto. Tirado en un rincón, el acolchado amarillo quedó como un muñeco informe contra la pared.



Se acostumbraron a comparar los acolchados, las puertas, las lámparas, las cortinas; las piezas de los hoteles del cinquième arrondissement eran mejores que las del sixième para ellos, en el septième no tenían suerte, siempre pasaba algo, golpes en la pieza de al lado o los caños hacían un ruido lúgubre, ya por entonces Oliveira le había contado a la Maga la historia de Troppmann, la Maga escuchaba pegándose contra él, tendría que leer el relato de Turguéniev, era increíble todo lo que tendría que leer en esos dos años (no se sabía por qué eran dos), otro día fue Petiot, otra vez Weidmann, otra vez Christie, el hotel acababa casi siempre por darles ganas de hablar de crímenes, pero también a la Maga la invadía de golpe una marea de seriedad, preguntaba con los ojos fijos en el cielo raso si la pintura sienesa era tan enorme como afirmaba Etienne, si no sería necesario hacer economías para comprarse un tocadiscos y las obras de Hugo Wolf, que a veces canturreaba interrumpiéndose a la mitad, olvidada y furiosa.



Hoteles del cinquième arrondissement

A Oliveira le gustaba hacer el amor con la Maga porque nada podía ser más importante para ella y al mismo tiempo, de una manera difícilmente comprensible, estaba como por debajo de su placer, se alcanzaba en él un momento y por eso se adhería desesperadamente y lo prolongaba, era como un despertarse y conocer su verdadero nombre, y después recaía en una zona siempre un poco crepuscular que encantaba a Oliveira temeroso de perfecciones, pero la Maga sufría de verdad cuando regresaba a sus recuerdos y a todo lo que oscuramente necesitaba pensar y no podía pensar, entonces había que besarla profundamente, incitarla a nuevos juegos, y la otra, la reconciliada, crecía debajo de él y lo arrebataba, se daba entonces como una bestia frenética, los ojos perdidos y las manos torcidas hacia adentro, mítica y atroz como una estatua rodando por una montaña, arrancando el tiempo con las uñas, entre hipos y un ronquido quejumbroso que duraba interminablemente. Una noche le clavó los dientes, le mordió el hombro hasta sacarle sangre porque él se dejaba ir de lado, un poco perdido ya, y hubo un confuso pacto sin palabras, Oliveira sintió como si la Maga esperara de él la muerte, algo en ella que no era su yo despierto, una oscura forma reclamando una aniquilación, la lenta cuchillada boca arriba que rompe las estrellas de la noche y devuelve el espacio a las preguntas y a los terrores. 



Visto en el blog encuentroatma


Sólo esa vez, excentrado como un matador mítico para quien matar es devolver el toro al mar y el mar al cielo, vejó a la Maga en una larga noche de la que poco hablaron luego, la hizo Pasifae, la dobló y la usó como a un adolescente, la conoció y le exigió las servidumbres de la más triste puta, la magnificó a constelación, la tuvo entre los brazos oliendo a sangre, le hizo beber el semen que corre por la boca como el desafío al Logos, le chupó la sombra del vientre y de la grupa y se la alzó hasta la cara para untarla de sí misma en esa última operación de conocimiento que sólo el hombre puede dar a la mujer, la exasperó con piel y pelo y baba y quejas, la vació hasta lo último de su fuerza magnífica, la tiró contra una almohada y una sábana y la sintió llorar de felicidad contra su cara que un nuevo cigarrillo devolvía a la noche del cuarto y del hotel.


Vista en el blog purpurinaazucarada


Más tarde a Oliveira le preocupó que ella se creyera colmada, que los juegos buscaran ascender a sacrificio. Temía sobre todo la forma más sutil de la gratitud que se vuelve cariño canino, no quería que la libertad, única ropa que le caía bien a la Maga, se perdiera en una feminidad diligente. Se tranquilizó porque la vuelta de la Maga al plano del café negro y la visita al bidé se vio señalada por una recaída en la peor de las confusiones. 

Maltratada de absoluto durante esa noche, abierta a una porosidad de espacio que late y se expande, sus primeras palabras de este lado tenían que azotarla como látigos, y su vuelta al borde de la cama, imagen de una consternación progresiva que busca neutralizarse con sonrisas y una vaga esperanza, dejó particularmente satisfecho a Oliveira. Puesto que no la amaba, puesto que el deseo cesaría (porque no la amaba, y el deseo cesaría), evitar como la peste toda sacralización de los juegos. Durante días, durante semanas, durante algunos meses, cada cuarto de hotel y cada plaza, cada postura amorosa y cada amanecer en un café de los mercados: circo feroz, operación sutil y balance lúcido. Se llegó así a saber que la Maga esperaba verdaderamente que Horacio la matara, y que esa muerte debía ser de fénix, el ingreso al concilio de los filósofos, es decir a las charlas del Club de la Serpiente: la Maga quería aprender, quería ins-truir-se. 



Visto en el blog obraerikakuhn

Horacio era exaltado, concitado a la función del sacrificador lustral, y puesto que casi nunca se alcanzaban porque en pleno diálogo eran tan distintos y andaban por tan opuestas cosas (y eso ella lo sabía, lo comprendía muy bien), entonces la única posibilidad de encuentro estaba en que Horacio la matara en el amor donde ella podía conseguir encontrarse con él, en el cielo de los cuartos de hotel se enfrentaban iguales y desnudos y allí podía consumarse la resurrección del fénix después que él la hubiera estrangulado deliciosamente, dejándole caer un hilo de baba en la boca abierta, mirándola extático como si empezara a reconocerla, a hacerla de verdad suya, a traerla de su lado.