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miércoles, 6 de junio de 2012

Fragmentos... Ensayo sobre la lucidez

Comparimos hoy un frgamento de Ensayo sobre la lucidez. Una estupenda novela del maestro José Saramago. La editó en su día Alfaguara.

Extramos un pequeño texto de la contraportada del libro, para que el lector se sitúe y le entren ganas de leer más.

"Durante las elecciones municipales de una ciudad sin nombre, la mayoría de los habitantes decide individualmente ejercer su derecho al voto de uan manera inesperada. El gobierno teme que ese gesto revolucionario, capaz de socavar los cimientos de una democracia degenarada, sea producto de una conjura anarquista internacional o de grupos extremistas desconocidos. Las cloacas del poder se ponen en marcha: los culpables tienen que ser eliminados. Y si no se hallan, se inventan."
La ilustración que acompaña al post es un diseño del maestro Manuel Estrada, al que, sin duda alguna, admiramos profundamente. Agradecidos.

¿Qué pasaría si la capital de un estado moderno decidiera votar en blanco? ¿Qué pasaría si no se eligiera a nadie? 

 
"A las diez de la noche, finalmente, apareció en televisión el primer ministro. Venía con el rostro demudado, con ojeras profundas, efecto de una semana entera de noches mal dormidas, pálido a pesar del maquillaje tipo buena salud. Traía un papel en la mano, pero casi no lo leyó, apenas le lanzó alguna mirada para no perder el hilo del discurso, Queridos conciudadanos, dijo, el resultado de las elecciones que hoy se han realizado en la capital es el siguiente, partido de la derecha, ocho por ciento, partido del medio, ocho por ciento, partido de la izquierda, uno por ciento, abstenciones, cero, votos nulos, cero, votos en blanco, ochenta y tres por ciento."
Ensayo sobre la lucidez. José Saramago 



viernes, 13 de abril de 2012

Fragmento Claraboya


"De cualquier manera, y aunque recelaba que, en muchos pasajes, Pessoa se burlaba del lector y que, pareciendo sincero, se mofaba, se habituó a respetarlo hasta en sus contradicciones. Y, si no tenía dudas acerca de su grandeza como poeta, le parecía a veces, especialmente en esos días absurdos de desencanto, que en la poesía de Pessoa había mucho de gratuito. ¿Y qué hay de malo en eso? -pensaba Abel-. ¿No puede la poesía ser gratuita? Puede, sin duda, y no es nada malo. Pero ¿y bueno? ¿Qué hay de bueno en la poesía gratuita? La poesía es, tal vez, como una fuente que corre, es como agua que nace en la montaña, sencilla y natural, gratuita en sí misma. La sed está en los hombres, la necesidad está en los hombres, no solo porque estas existen, el agua deja de ser de gracia. ¿Sería así también la poesía? Ningún poeta, como ningún hombre, sea quien sea, es sencillo y natural. Y Pessoa menos que ningún otro. Quien tenga sed de humanidad no la saciará en los versos de Pessoa: será como si bebiera agua salada. Y, con todo, qué admirable poesía y qué fascinación. Gratuita, sí, pero ¿eso importa si desciendo al fondo de mí mismo y me encuentro también gratuito e inútil?"
José Saramago, fragmento de la novela Claraboya, traducción de Pilar del Río

(La ilustración es de Willie Medeiros. Un millón de gracias)