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viernes, 17 de febrero de 2012

De un tiempo a esta parte. Número 1

Han sido un par de meses bastante intensos, con numerosos post. Nos apetecía recoger todo ese esfuerzo en el nuevo número de la revista que compartimos con vosotros: De un tiempo a este parte. Número 1. 



Esta vez llevamos en portada un autorretrato del maestro José Hierro, un poeta imprescindible de la segunda mitad del siglo XX. Además de aparecer en portada, le reservamos la última página a un poema suyo, Para un esteta.


Como novedad, hay que señalar que hemos compuesto dos canciones, un rap para que la gente de La excepción se atreva a rapearla. La hemos llamado Mientras perdía el broche de la cordura. La segunda canción está compuesta al más puro estilo canalla de otro grande de la música y de la poesía contemporánea, en palabras de Fito Páez, monsiuer Madrid, el señor Joaquín Sabina. Se titula La más guapa de todas las feas.

Que os guste el trabajo que os proponemos. Disfrutad de las ilustraciones, leed los poemas con calma y reposo. 


Se admiten y se agradecen enormemente, como siempre, comentarios, críticas, sugerencias, mejoras...


viernes, 13 de enero de 2012

Criticarcamonio

Lo prometido es deuda. Volvemos a escribir a una fantástica ilustración de Antonio Lorente. Su dibujo se llama Criticarcamonio. En cuanto lo hemos visto, sabíamos que tenía toda la pinta de que se llevaría un poema bajo el brazo. Hablar sobre los cotilleos y sus demonios... ¿Quién podría resistirse? Es viernes y hay que brindar con risa.

Citamos al propio autor:
 "Aquí dejo una de mis últimas ilustraciones, Criticarcamonio. Mitad criticón, mitad demonio. ¿A quién no le gusta de vez en cuando un cotilleo? Eso si... sin hacer daño a nadie. :)"
Un millón de gracias para Antonio, por su talento y su ilustración, y porque nos ha hecho reír. Pero esto es un secreto entre tú y yo. No quiero ser yo quien propague estos rumores. ¿Verdad, María Teresa? (Esta parte hay que leerla con las gafas entre los dientes y con la voz tomada, sino, pierde mucho.)

  

No te lo vas a creer
y no soy yo quien te lo ha dicho
pero el otro día
me dijeron que el lenguado de la esquina
estaba con las aletas puestas
sobre la espina de la merluza del tercero.
El besugo de enfrente le comentó
al crustáceo de la tienda de ultramarinos
que su prima la trucha de río
le habían contado a sus ojitos plateados
cómo respiraban por las mismas branquias.

Pues no te lo creerás
y no seré quien te lo confirme
pero el otro día
a mí me juraron
que el lenguado,
el muy deslenguado,
presumía en la cantina
por la plaza conquistada.
¿Dónde vamos a parar
si cada cual pesca
en acuario ajeno? ¡Qué océano éste!

Hay que ver cómo nada el patio,
pues cuando te cuente que la ostra
se abría de par en par
cada vez que podía
y que el valor de sus perlas
estaba muy encima de las nubes.
Cómo está el océano, ay,
que el pulpo y sus ocho patas
acarician por doquier
siempre a una distinta,
fíjate tú, siete días, ocho posibilidades.

Y luego que si la gente habla.
Me ha confesado el mero
que le contó la dorada
que le había dado en secreto el falso abadejo
lo que sabía del atún
que le dijo la caballa
que aquello que hizo el jurel
no era ni la mitad de grave
que lo que contó a todos la palometa blanca.
Fíjate tú... Menos mal que a ti a mí 
no nos interesan estas cosas. Menos mal...

Fue el nombre de sus calles

Compartimos un poema de fábrica. Hace algunos días que no lo hacíamos, y eso no se debe permitir bajo ninguna circunstancia. Hay que subirse a la máquina, amarrarse al duro banco y exigir que el poeta escriba para nosotros. 

Lo de hoy es un texto que pretende reflexionar sobre los lugares en los que vivimos por obligación una temporada determinada de nuestras vidas, sea larga o corta, pero en cualquier caso, estancias importantes. Esos lugares los definimos como país, ciudad, piso de alquiler, residencia de estudiantes, trabajo, matrimonio, escuela, cárcel... Un lugar al que estamos atados para lo bueno y para lo malo. Un lugar al que vamos porque no tenemos más remedio que ir.  También es un lugar del que en muchas ocasiones no podemos salir. Hablamos de ese lugar. 

La magnífica ilustración es de Antonio Lorente. Es maravillosa la textura que consigue, por ejemplo en el cabello del personaje. Es fantástico. Un descubrimiento al que volveremos sin duda.


Queremos dedicar este poema a la figura de Miguel Montes Neiro, el preso más antiguo de España. Sabemos que no es mucho un solitario poema, pero es todo lo que tenemos. Nuestro corazón está con él y con su familia.

****** 

Habito en una ciudad
de cristales azules
que tiene las esquinas de sus muros
amablemente redondeados.
No parece muy alta
si se compara 
con otros lugares que he visto
o en las que he estado alojado
tan solo una noche 
o toda una década.

Me llamó la atención
que se diseñara como una ciudad falsamente esférica,
donde caminar en línea recta
hacia ningún sitio
y sin prisa o destino aparente
te devolvía inequívocamente al punto de origen.
Sus ventanas lapislázulis
eran prisiones cerradas
que guardaban a sus habitantes
del desapacible tiempo externo.

Lo primero que tuve que conocer
fue el nombre de sus calles.
Después aprendí a distinguir a sus ciudadanos.
No a todos llamo por su apelllido
pero a todos los reconozco
si me los encuentro 
en otro tiempo o en otra geografía.
Todo ese mundo cobalto me felicitó 
por mi mudanza inesperada y casual,
por mi llegada, aunque no todos se alegraron.

Más pronto que tarde
descubrí que el pueblo me había convertido
en un Gulliver por engullir, acechado por un país 
que disponía de sus propias medidas.
Fui tuerto en su mundo de ciegos,
cojitranco en época
de llevar las dos piernas amputadas.
Ser de piel extranjera me deparó 
la denuncia injusta de su justicia, 
me trajo puertas cerradas y soledades.

La paz fue cruenta,
la guerra, silente,
la vida, hostil,
la emigración, una posible salida,
la libertad, una cadena incómoda y oxidada,
el tiempo, una venganza,
la amistad, un coro insensato y apócrifo,
la lucha, el pan de cada día,
la espera, lenta y con sabor a plato recalentado.
el silencio, los sonidos de mi corazón.

Terminé golpeado y derribado
al final de mí mismo,
atado por las mudas cuerdas
de quienes fueron mis vecinos,
de mis amigos invisibles.
Maldije mi fortuna,
atrapado entre la comodidad
que envidia el perro flaco
y la pérdida de vida
que conlleva no respirar oxígeno.

Pasó toda una vida
y a día de hoy 
aún me levanto y camino despacio
hacia esta ciudad de cristales añiles.
He sobrevivido a mi propia historia
mientras escribo desde el interior del espejo.
Utilizo una brújula sin aguja y sin norte
para que me avise si la lluvia
o la ventisca o las tormentas
me acechan, otra vez, en el horizonte.

No estoy ni alegre ni triste
ni siento rencor ni miedo
por hallarme en esta ciudad garza.
Camino hacia adelante
sin demasiado equipaje.
Mis ropas no están húmedas
y con eso me vale.
Rompo mi bitácora
para no tener, como en aquella hermosa canción,
que elegir entre ese olvido y esta memoria.