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miércoles, 25 de abril de 2012

I amsterdam. Capítulo tercero

Con rodar me vale

El narrador vuelve a despertarse el último. ¡Qué novedad! No es por pereza. Simplemente tarda más que los demás  en levantarse. Hoy se decide que recorreríamos la ciudad a golpe de pedal. Hoy alquilaríamos unas bicicletas. Preparados y casi listos, nos dirigimos a una tienda que alquila todo tipo de vehículos "desmotorizados" .





Cabe destacar que nuestra propia idiosincrasia requería diferentes tipos de vehículos. Dos niñas pequeñas, un niño rubio de casi siete años que sabe montar a dos ruedas, una embarazada y una adolescente (que forman el binomio Ying&Yan), una cuñá (Flip), un chinchín explorador y un narrador manco (Flop) conforman el G8. 



Alquilamos tres bicis normales para las tres chicas, chinchina, adolescente y cuña. 



Una bicicleta tándem, que cuenta con un enorme cajón para transportar a las niñas pequeñas, conducida por el chinchín senior. 



Por último, el narrador y su vástago rubio, llevarían una bicicleta tándem de distintas alturas. 




Es muy sano y muy divertido montar en bicicleta. Recorrer con estos vehículos una ciudad extraña como Ámsterdam por personas que no están acostumbradas ni a esa ciudad ni al propio vehículo que manejan es otra historia. Flip, la artista antes conocida como la cuña, fue la primera en constatar la dureza de la frase anterior. Fue la primera en venirse abajo.
Hay que reconocer que por mucho carril bici que hubiera, compartíamos espacio con numerosísimos ciclistas, varias motos, algunos coches en las calles donde había obra, sin contar los tranvías...
Tras pasar algunos apuros sustos, miedos y alguna que otra caída leve, logramos adaptarnos poco a poco a nuestra condición de improvisados ciclistas.




Llegamos por fin a nuestro primer destino rodado del día. Queríamos ver el museo de Van- Gogh. Descartamos el Rijksmuseum porque nos parecía agotador para los chicos. Los culturetas del G-8 tendrían que esperar a otro viaje. Atamos nuestros vehículos tal y como nos enseñaron en la tienda de alquiler de bicis. Nos dejamos encantar por unas enormes letras que ponían "I amsterdam". De ahí viene el título de este relato. Hacemos el tonto, como todos, y nos subimos encima de las letras, inmortalizando tal instante con numerosas fotografías. El narrador termina encima de la I mayúscula. Ayudado por el chinchín senior, es el único que consigue subirse a la letra más alta para sorpresa y cierta envidieja de los otros turistas. Es el súmmum del egocentrismo. Se podía oír lo que pensaban. Transcribimos la conversación de una pareja:

-¿Por qué no se me habrá ocurrido a mí subirme allá arriba?
-Porque no, cari, está muy alto y te puedes caer. Esto es para los turistas friáis e inmaduros. 
-Claro.
-Es que dejan entrar a cualquiera al país.
-Tienes razón.
-Tengo razón.
-¿Me haces una foto encima de la "e"?
-Por supuesto, cari.



Nos adentramos en el museo Van-Gogh. Hablar o describir la prolífica obra del torturado holandés, daría para varios cientos de miles de páginas. Acabamos en la tienda del museo donde el narrador adquiere la pluma con la que escribe el boceto analógico de estas líneas cuando la compañía se vaya a dormir. Una pequeña brisa melancólica le lleva a los días de la facultad donde fue fiel a su escritura con pluma durante varios años. Este viaje merecía la pena escribirlo de aquella manera.



Volvemos a nuestras bicis. Volvemos a perdernos por la ciudad. Alguien dijo una vez que la mejor forma de encontrarse a uno mismo es cuando se perdía. Con esa sensación y con esa reflexión el narrador pedalea junto a su compañero de aventura hacia ninguna parte, sin consultar mapas, sin preguntar... Solo pedaleábamos intentando no despistar la pista de la rueda que teníamos delante. 

En un momento dado, la compañía se dispersa. Era inevitable teniendo en cuenta que nuestros vehículos así como nuestras facultades ciclistas eran muy heterogéneas. Íbamos de camino al inmenso parque Voldenpark, una preciosidad en mitad de la ciudad. Un semáforo, un frenazo, un "no los veo", otro " se pararán", "nos habrán visto" nos lleva a una pequeña confusión y a un momento de incertidumbre. Estábamos con teléfono manzanil pero en modo avión, ya que tras las experiencia en San Petersburgo, más bien la clavada telefónica, aprendimos que era mejor no usar los móviles. Eso está muy bien salvo si te pierdes y no has concretado concretamente un punto de encuentro. Todo queda en un pequeño susto. Nos reencontramos en el parque al que íbamos. Fue como en las pelis cuando la cámara muestra lentamente cómo los amantes van uno acercándose al otro y suena una música moña. Fue igual.

Comemos y decidimos pasar la tarde pedaleando por el enorme parque, que a pesar del número de ciclistas, nos pareció mucho más asequible, sencillo y seguro que lidiar con coches, tranvías, etc. a lo largo de la ciudad, tal y como habíamos hecho hacía un instante.


Como era de esperar, encontramos dentro del parque, parques más pequeños, donde los niños volvieron a disfrutar. Los mayores reposamos mientras cierta parte de nuestra anatomía comenzaba a mostrar dolor y cansancio, más del primero que del segundo. Quien diga que los sillines de las bicicletas son ergonómicos y cómodos después de unas cuantas horas encima de ellos, miente descaradamente y lo sabe. Hay una excepción que conozcamos y es el tipo de la imagen que compartimos. ¡Pedazo sillín lleva!



Tras dejar el parque, se decide que era mejor devolver las bicis a última hora, antes de que la tienda cerrara, más que volver al día siguiente. Teníamos las bicis 24 h., pero quedarnos las bicis por la noche suponía un problema logístico serio. Era más fácil depositar las bicis ese mismo día. Flip apoyó firmemente esta decisión. A saber por qué.

Volvimos a perdernos. Era lógico. Acabamos encontrándonos, localizando la estación central de Ámsterdam, que era en definitiva, el objetivo. De ahí, a la tienda de bicis, era fácil. llegamos y nos sentimos vencedores en la batalla. Cada cual había pedaleado por motivos distintos cargando con sus miedos, sus limitaciones... A pesar de los pesares, fue divertido. Con rodar me vale, dijo alguien, en un momento de la excursión. Todos superamos la aparente prueba de montar en bicicleta. Y el narrador encontró el título de su relato.



Buscamos un lugar para hacer una especie de merienda-cena. No eran aún las ocho. Cerca del apartamento, encontramos una heladería-chocolatería donde dimos buena cuenta de unas deliciosas crepes. El narrador amplía su pequeña colección de ciudades y helados. Una ciudad, un helado, una fotografía que lo certifique y lo haga perdurar en el tiempo. Cata un helado de limón con albahaca. Flip se preocupa un instante al creer que el helado era de marihuana. Si existe ese helado, sin duda, Ámsterdam sería el lugar perfecto para degustarlo.




No hay salida nocturna. Las bicicletas han dejado su huella en nuestros cuerpos carentes de ciclismo. Se revisan las fotos, los móviles manzaniles. Se llama a la familia. Es el día del padre y se ha pasado francamente bien. Lástima de literatura que no capta todas las sensaciones, los matices vividos. Desde el miedo, la incertidumbre, la ausencia, la desorientación, el esfuerzo, la superación, la alegría, las risas, el cansancio hasta la inmensa alegría de sentir que hemos sido capaces de rodar por Ámsterdam y vivir para contarlo en una página como esta. No es exagerado. Como en el poema, quien lo probó, lo sabe.

jueves, 12 de abril de 2012

I amsterdam. Capítulo primero

Easy Rooms

Todos los viajes son diferentes y sin embargo, suelen comenzar igual. Los nervios, los preparativos, el tema logístico. La Compañía se reúne y vuelve a ponerse en ruta un diecisiete de marzo. Es el día de san Patricio. Será un señal... Esta vez no hay madrugones.



Parece mentira, pero es la primera vez que el ínclito G-8 está reunido por primera vez. Destino Ámsterdam, hora de llegada, por la noche, como a eso de las nueve. Todo el grupo prescinde de la engorrosa facturación.

Se queda a una hora determinada en la terminal 1 del aeropuerto de Barajas. Los primeros en llegar son el narrador y su prole. Tres maletas, una bolsa, dos niños, la cuñá y el narrador de esta historia. Se queda en el mostrador de Easyjet. Aparece casi al unísono Martuki con su progenitor y al poco la familia Chinchín. Son tres y un pequeño lentejo. Esa noticia se la reservan para después.



Se llega a la puerta de embarque, la C-41. Una cola inmensa. Tenemos preferencia, verdad. Claro, vamos con niños. Y con Martuki. Pero no cuenta. Ah, vale. Vete a preguntar. Voy.

Mientras el experimentado Chinchín senior va a comprobar lo de la preferencia de embarque, el narrador y Martuki divisan a un tipo barbudo con unos pantalones sacados de un circo de los setenta, una mochila y una vara... Gritamos a la vez... Es el tío de la Vara... vestido de perroflauta. Risas y más risas. Pero tú le has visto. De dónde se habrá escapado el tío de la Vara. Risas. Se observa al tío de la Vara perroflauta y vemos que está al lado de la puerta de embarque C-42, destino Poz. El chiste estaba servido. Dónde estará Poz. Era el destino del Pozí. A dónde vas. A Poz. Por qué. Porque soy el Pozí. Risas.


Vuelo 7809 con destino Ámsterdam, puerta de embarque C-48. Vuelo 7809 con destino Ámsterdam, puerta de embarque C-48. Mierda. Qué. Nos han cambiado la puerta de embarque. No jodas. No lo has oído. No, estaba mirando al tío de la Vara que se va a Poz. Y dónde está. Poz. Noooo, tontako, nuestra puerta de embarque, Y yo qué sé. Valeee. Vale. Sigamos a la masa. Vale. Qué putada. El qué. venir con tiempo, ponerte el primero y que te cambien la puerta de embarque. Pues sí. Y encima, por mucho que corran, nos van a tener que dejar embarcar antes. Así es la vida, pequeño saltamontes...



Nos alejamos del tío de la Vara, de nuestra puerta de embarque para buscar la nueva, que está en la otra punta de la terminal. Se llega en ultimo lugar (en algún libro raro, viejuno y chunga que siguen ciertas masas bien pensantes dicen que los últimos serán los primeros). Aquí, si viajas con niños, al parecer también. Es la religión aeroportuaria.

La Compañía se esparce en una de las múltiples salas de espera, en dos grupos de tres y uno de dos, junto a la nueva puerta de embarque. No mola empezar un viaje corriendo como tontos detrás de una letra y un número determinado, pero así es la vida de viajeros por el mundo, destino Ámsterdam.

Parados a la espera, se cruza ante nosotros una chica vestida de sevillana. Sospechamos que van de despedida de solteros, no solo por el disfraz en cuestión sino por la enorme tajá que llevaba la pobre. Una nota divertida aunque no tanto para la gente de Easyjet. Se podría traducir en la cara del personal de tierra algo así como "No me pagan lo suficiente para esto".



No hubiéramos mencionado a la desconocida sevillana si en pleno vuelo no hubiera decidido arrancarse unos bailes en emdio del pasillo, jaleada por su grupo de amigos. Unos cuantos turistas estupefactos deciden sacar su iPhone para inmortalizar tal evento. La pena es que los nuestros estaban fuera de juego, apagados o indispuestos. Adjuntamos un ejemplo de cómo hacer el ridículo de forma graciosa. No es la original ya que aquellos estupefactos viajeros de antes no tuvieron la gentileza de compartirlo en YouTube, que hubiera sido lo suyo. En fin...





A la chica la terminan sentando con cierta descortesía. Esta gente con la que volábamos no tenía el cuerpo para jaranas. Aterrizamos sin pena ni gloria en Schiphol. Esta vez teníamos la idea de salir pronto de la terminal y seguir a la masa para no perdernos dentro del aeropuerto. Fracasamos por varios motivos. A saber:
  • Moverse con niños pequeños ayuda notablemente a ir despacio. 
  • Dejamos pasar un autobús que iba muy lleno y esperamos al siguiente que iba mucho más vacío. Nos debía acercar a la terminal.
  • Parada en el baño para ocho.
  • Una desconocida, en el pasillo aborda a la chinchina y le deja un bebé de meses. Debía recoger el carrito y ala pobre le faltaban manos. Nos vimos de pronto con un bebé entre nuestras manos. Debió ver que era buena persona y que no saldríamos corriendo con su criatura o que ya teníamos bastante con las nuestras, o se dio que llevaba la chichina un lentejo/a en la tripa y que por empatía no huiría.



Total, que salimos los últimos. Nuestro holandés, como nuestro ruso, no era muy brillante. Tampoco nuestro inglés. Depués de dar un par de vueltas, salimos a una especie de hall para buscar el tren que nos llevaría a la estación Central de Ámsterdam, nuestro próximo destino. Compramos billetes de segunda clase pero nos acomodamos en primera por error. Junto al narrador se sienta una bella mujer negra. En frente, unos italianos canallas que se la intentan ligar en inglés, uno con más fortuna que el otro. Parecía un chiste viejo: va un italiano, un español y una norteamericana en un tren de Ámsterdam...



Llegamos en veinte minutos. Igualito que en Londres. Ya te digo. Esto es express y no lo de Gatwick. Risas. Estamos muy cerca de llegar a nuestro apartamento. De hecho está como a unos tres minutos andando. Tras unas cuantas dudas, logramos encontrarlo. Está encima de un garito donde la música bakalaera nos deja un poco moscas... Hemos llegado a Easy Rooms. Una foto desde la ventana del apartamento recuerda lo que veíamos desde los cristales.





Después de habla con el de recepción y soltar toda la pasta de lo que valía el apartamento, cosa que no nos gustó ni un pelo, nos dicen que las habitaciones están al lado. Una suave lluvia nos acompaña. Es sábado y vemos parte del Barrio Rojo en plena ebullición. Se sospecha que nos íbamos a pasar estupendamente. Estábamos en el centro de todo. 


El apartamento no está muy limpio, lo que hace que la cuña se estrese con el tema. Sobre todo cuando ve los lamparones de la vitrocerámica. Es una pena que no la pusieran en la foto que vimos por Internet. Es posible que hubiéramos elegido otra opción. Se buscan varias soluciones, pero estamos cansados. Mañana intentaríamos solucionarlo.


Habíamos llegado por fin. Mañana empezarían las excursiones. Hoy tocaba provisionarnos de comida y de algo de bebida.


domingo, 15 de enero de 2012

La Petite mort

A petición de una oyente, -benditos sean- hoy en Impresiones queremos dedicar este post al maestro uruguayo Eduardo Galeano, poeta y escritor imprescindible, nacido en Montevideo en 1940. Es un post que aconsejamos degustar lentamente, ya que hay pequeños textos de mucha enjundia, varios vídeos interesantes, ilustraciones, un pequeño poema...

No nos gusta hacer post biográficos. De hecho, no lo vamos a hacer. Para eso está Google, Wikipedia, los señores bajitos, calvos, con bigote y que llevan trajes impolutos de color cementerio. Son biógrafos de profesión... 

Contar biografías es bastante aburrido, la verdad. Es mucho más interesante buscar y bucear sobre los textos que ha creado el uruguayo, que son unos cuántos. Un autor habla con sus obras, sus textos, sus palabras. Qué mejor homenaje que seleccionar un puñado de ellos. Extraemos todos de El libro de los abrazos.

En Impresiones nos gusta pensar que hay que dar siempre, se reciba o no, algo a cambio, ser generoso en la vida. No es casual que compartamos gratuitamente todo. Y en este caso concreto, Eduardo Galeano nos ha prestado muchísimo. Al final de este largo post, lleno de giros y sorpresas, casi oculto, casi desapercibido, casi invisible para el lector de una ojeada, dejamos un pequeño poema, nuestro pequeño homenaje, la petite mort.


"Soy un escritor que quisiera contribuir al rescate de la memoria secuestrada de toda América, pero sobre todo de América Latina, tierra despreciada y entrañable".
(extraído de Wikipedia)

La casa de las palabras

A la casa de las palabras, acudían los poetas. Las palabras, guardadas en viejos frascos de cristal, esperaban a los poetas y se les ofrecían, locas de ganas de ser elegidas: ellas rogaban a los poetas que las miraran, que las olieran, que las lamieran.
Los poetas abrían los frascos, probaban palabras con el dedo y entonces se relamían o fruncían la nariz. Los poetas andaban en busca de palabras que no conocían, y también buscaban palabras que conocían y habían perdido.
En la casa de las palabras había una mesa de los colores. En grandes fuentes se ofrecían los colores y cada poeta se servía del color que le hacía falta: amarillo limón o amarillo sol, azul de mar o de humo, rojo lacre, rojo sangre, rojo vino...


Visto en el blog La casa de las palabras
El origen del mundo

Hacía pocos años que había terminado la guerra de España y la cruz y la espada reinaban sobre las ruinas de la República. Uno de los vencidos, un obrero anarquista, recién salido de la cárcel, buscaba trabajo. En vano revolvía cielo y tierra. No había trabajo para un rojo. Todos le ponían mala cara, se encogían de hombros o le daban la espalda. Con nadie se entendía, nadie lo escuchaba. El vino era el único amigo que le quedaba. Por las noches, ante los platos vacíos, soportaba sin decir nada los reproches de su esposa Beata, mujer de misa diaria, mientras el hijo, un niño pequeño, le recitaba el catecismo.
Mucho tiempo después, Joseph Verdura, el hijo de aquel obrero maldito, me lo contó. Me lo contó en Barcelona, cuando yo llegué al exilio. Me lo conto: él era un niño desesperado que quería salvar a su padre de la condenación eterna, y el muy ateo, muy tozudo, no entendía razones.
-Pero papá -le dijo Joseph, llorando-. Si dios no existe ¿quién hizo el mundo?
-Tonto -dijo el obrero cabizbajo, casi en secreto- Tonto. Al mundo lo hicimos nosotros, los albañiles.


Vista en el blog de Taringa  

La vida profesional /3

Los banqueros de la gran banquería del mundo, que practican el terrorismo de dinero, pueden más que los reyes y los mariscales y más que el propio Papa de Roma. Ellos jamás se ensucian las manos. No matan a nadie, se limitan a aplaudir el espectáculo.

Sus funcionarios, los tecnócratas internacionales, mandan en muchos países: ellos no son presidentes, ni ministros, ni han sido votados en ninguna elección, pero deciden el nivel de los salarios y del gasto público, las inversiones y las de sinversiones, los precios, los impuestos, los intereses, los subsidios, la hora de salida del sol y la frescura de las lluvias.

No se ocupan, en cambio, de las cárceles, ni de las cámaras de tormentos, ni de los campos de concentración, ni de los centros de exterminio, aunque en esos lugares ocurren las inevitables consecuencias de sus actos. Los tecnócratas reivindican el privilegio de la irresponsabilidad:

-Somos neutrales -dicen.


Fotografía vista en el blog Un cuento por día

Mapamudi
 

La pequeña muerte (Petite mort)

No nos da risa el amor cuando llega a lo más hondo de su viaje, a lo más alto de su vuelo: en lo más hondo, en lo más alto, nos arranca gemidos y quejidos, voces de dolor, aunque sea jubiloso dolor, lo que pensándolo bien nada tiene de raro, porque nacer es una alegría que duele.



Vista en el blog de Eduardo Galeano 

Pequeña muerte, llaman en Francia a la culminación del abrazo, que rompiéndonos nos junta y perdiéndonos nos encuentra y acabándonos nos empieza. Pequeña muerte, la llaman; pero grande, muy grande ha de ser, si matándonos nos nace.

*****

El poema prometido. Para ilustrarlo, nos ha parecido una idea adecuada emplear esta acuarela con homónimo nombre. La firma magníficamente Juan Carlos Gardesin. Un millar de gracias para él por su trabajo. Además, compartimos como prólogo un vídeo muy sugerente de una poética visual muy elegante. Ambos, ilustración y vídeo nos han inspirado el poema fabricado.



Ilustración vista en el blog juankarcardesin, realizada por Juan Carlos Gardesin 



Vídeo y texto realizado por Late Chocolate


Es ahora blanca mi respiración,
mi corazón latió en un matiz rojo sangre
cuando estalló y se escapó desbocado de mi boca,
cuando me desplomó en un momento,
cuando calló de latir.

Pero ya no,
respiro plácidamente en blanco.
Dejé de contar los besos húmedos,
porque no cabían más 
en la piel de un poema como éste.

Se olvidaron las hermosas caricias
de las delicadas formas que acostumbran,
perdieron sus buenas maneras, sus intenciones,
y dejaron el permiso y la prudencia
al principio de la cama.

Los gritos amontonados
ahogaron mis turbias palabras
y se hicieron fuertes en mi garganta.
Sé que he muerto hace un segundo 
y que no quiero resucitar en el siguiente.

sábado, 31 de diciembre de 2011

Asesinato en 140 caracteres

Se nos va el año 2011, ¡qué alivio! Os dejamos con el último post del año, con un asesinato en 140 caracteres y una hermosa reflexión, la escena final que protagoniza el replicante de Blade Runner. La ilustración es de Aubrey Beardsley, de los Crímenes de la Rue Morgue. Nos vemos en 2012.




Asesinato en 140 caracteres

El personaje sin nombre esperó a que su autor se durmiera. Sabía con certeza que sería por última vez. Ya no albergaba rencor en su corazón.


viernes, 30 de diciembre de 2011

Detonación

Compartimos un breve relato en formato Twitter. Ocupa, en realidad, un poquito más. Añadimos una divertida ilustración. Además, añadimos en formato vídeo, la hermosa y onanista canción de Luis Eduardo Aute, Dentro.

Detonación

Cuando la chica de la playa se puso otra vez la camiseta, vi que llevaba escrita la palabra "Detonación" en el pecho. Como la mía de hace un instante.


Vista en el blog mundodjronymixopenyoureyes


Habemus Ordinatio

En un pésimo latín (tantos años estudiando tirados a la basura) y parafraseando la película de Nanni Moretti, Habemus Papam, compartimos con todos vosotros tres pequeños relatos escritos en el día de las elecciones, imaginando tres escenas distintas. Nuestra gratitud, como siempre para las magnñificas ilustraciones que nos acompañan.


 Imagen vista en el blog sonandolarevolucion

¿Qué hubiéramos visto si por un pequeño agujero de una diminuta cerradura hubiéramos estado con los candidatos? El resultado, después del vídeo del maestro Nanni Moretti.



Number one

"Gobernaré para todos. España está en un momento delicado. Necesita un gobierno fuerte. Prometo llevar al país donde debe estar, en primera división. Se han hecho cosas mal. Mi gobierno trabajará..."

-Señor Rajoy, perdón, señor Presidente, la prensa le espera.
-Señor Rubalcaba, perdón, señor Presidente, la prensa le espera.


  Imagen vista en el blog igepzio.blogspot.com

Number two

-No te vayas.
-Me tengo que ir.
-Espérate, voy a votar.
-¿Y a quién vas a votar?
-No lo sé.
-Dímelo.
-No puedo.
-¿Me votarás a mí?
-No te lo aseguro.
-¿Te votarás a ti?
-Puede ser, aunque tampoco te lo confirmo... 

Un señor calvo miraba cansado a su amante mientras éste se atusaba la barba.

 Imagen vista en el blog Patio de butacas, ilustrado por Juan Álvaro

Number three

Y cuando se abrió la ultima urna del último pueblo del último rincón del país, se pudo comprobar que todas las urnas estaban vacías. La democracia se había suicidado.


Imagen vista en el blog listanacho.blogia.com, ilustrado por Lucy Pepper


miércoles, 28 de diciembre de 2011

En 140 caracteres

Un post breve. Nos encanta escribir con las limitaciones de 140 carateres. Es todo un reto, un ejercicio, una diversión, un vicio oculto. Compartimos dos relatos, tamaño Twitter, acompañadas de ilustraciones muy metafóricas. 

Ambos relatillos están inspirados en un libro mayor de tapas rojas llamado Cuentos de amor y humor macabros que nos han regalado recientemente. Muy recomendable su lectura y mucha más su adquisición, desde luego. Preguntad aquí por Nieves Herranz, que es la autora de dicho librito.

Tweet 1

Érase una vez un alegre corazón de cristal que vivía con un amargo corazón oxidado. Cuando éste murió, el corazón de cristal se oxidó.


Visto en el blog Fotolog

Tweet 2


Érase una vez un corazón de tinta. Se había fugado de un pequeño cuento rojo. Quiso volar libre por encima de sus páginas pero lo asesinaron.





domingo, 13 de noviembre de 2011

Publicación del relato LED 841

En Impresiones estamos muy contentos de compartir el relato completo que hemos ido desgranando a lo largo de los pasados días: LED 84. Ruski viaje en 1 boda y actos.




Encontraréis la propuesta del relato de LED 841 en formato de libro, para poder leerlo en su totalidad directamente en la pantalla de vuestro ordenador. Está en el siguiente vínculo:


viernes, 11 de noviembre de 2011

Día 6 y 7. LED 841

Como regalo, hoy compartimos dos capítulos de ruski historia, el epílogo y las tomas falsas de ésa que venimos contando a lo largo de estos días.


El motivo de subir dos días seguidos es porque ayer no dejamos ninguno. Como compensación de viernes, hoy damos doble ración. 


Que os guste. Llegamos al final del viaje.


Día 6





Día 7





Epílogo


Tomas falsas